Si el “cine era mejor que la vida”, hoy la tele es mejor que el cine

GAME-OF-THRONES

En las últimas semanas he podido ver tres de las nominadas a mejor película del año de los Premios Óscar: Boyhood, Birdman y El gran hotel Budapest. Chéveres, divertidas, novedosas, entretenidas pero ¿es el mejor cine que se hizo en 2014? Me cuesta creerlo. Por eso, parodiando el título de la hermosa novela de Juan diego Mejía -El cine era mejor que la vida- creo que hoy la TV es, por mucho, inmensamente mejor que el cine. Cuando pongo una serie que me encarreta (mis preferidas son Game of Thrones, The Sopranos, Breaking bad, Dexter, House of cards, Orange is the new black), entro en un estado de consumo compulsivo de episodio tras episodio. ¡Bendito sea Netflix, HBO GO y los torrent! Mientras que con las películas de cine… me dormí en Birdman, vi Boyhood en tres tandas y El gran hotel Budapest en dos, y eso que esta última me encantó. Me cansa cada vez más su larga duración, me aburren las caídas de tensión dramática para que el director juegue al erudito, en fin, el cine cada día me agota más. 

Por supuesto no es la gran novedad, no soy el primero en decirlo y hay quienes lo dicen mucho mejor, como Brett Martin en su libro Hombres fuera de serie. El libro es una crónica muy amena sobre el proceso de gestación de las series recientes que han llegado para cambiarlo todo, tanto en la TV como en el cine mismo. A continuación van unos cuantos fragmentos que quiero compartir con ustedes:

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“Se trataba de personajes a los cuales, en su día, la opinión pública norteamericana nunca habría permitido instalarse  en su sala de estar: infelices, moralmente cuestionables, complicados, profundamente humanos. Esos personajes ficticios jugaban a un juego seductor con el telespectador, permitiéndole que se atreviera a implicarse emocionalmente, e incluso a apoyar, o incluso a amar, a una serie de delincuentes cuyos delitos iban desde el adulterio o la poligamia (Mad Men y Big Love) hasta el vampirismo y los asesinatos en serie (True blood y Dexter). Desde que Tony Soprano se metió en la piscina para dar la bienvenida a su bandada de patos desobedientes, estaba claro que los espectadores estaban dispuestos a dejarse seducir. (…)

El hecho de que las series de televisión por calbe tuvieran temporadas más cortas que las de las cadenas de televisión tradicionales -doce o trece episodios en lugar de veintidós- era solo el principio, aunque no se trataba en absoluto de un dato sin importancia. Que hubiera trece episodios significaba poder dedicar más tiempo y atención a la escritura de cada uno. Significaba historias más centradas. Significaba menos riesgo financiero por parte de la cadena, lo cual se traducía en poder asumir un mayor riesgo creativo en pantalla.

breaking-bad-5-enorme“El resultado fue una arquitectura narrativa que podría verse como una columnata elevada en la que cada episodio es un ladrillo sólido y satisfactorio, pero también parte de un arco de una temporada de duración que, a su vez, permanecía ligado a otras temporadas para formar una obra de arte coherente e independiente. Mientras tanto, las cadenas tradicionales estaban redescubriendo su amor por franquicias como CSI y Ley y Orden, que seguían una línea totalmente opuesta, con episodios independientes que podían reorganizarse y distribuirse fácilmente. La nueva estructura permitía una enorme libertad creativa, no sólo para desarrollar personajes durante largos períodos de tiempo, sino también para contar historias a lo largo de cincuenta horas o más, lo cual equivalía a innumerables películas. De hecho, la televisión siempre se ha comparado de manera reflexiva con el cine, pero esta forma de narración continuada y sin final definido estba, por utilizar una comparación habitual, más próxima a las novelas victorianas por entregas, otra explosión de alta cultura en un medio popular vulgar. Aquella revolución también se había visto favorecida por convulsiones relacionadas con la forma de crear, producir, distribuir y consumir las historias: mayor alfaberización, métodos de impresión más baratos y el surgimiento de una clase consumidora. Como en el caso de la nueva televisión, las mejores novelas por entregas -de Dickens, Trollope, o George Eliot- generaban suspense a lo largo de la obra en lugar de tratarse de simples episodios emocionantes. Y, del mismo modo, el nuevo género literario dotaba al autor de un enorme poder (ya que sólo él o ella podía aportar el carbón necesario para que la locomotora narrativa siguiera en marcha) y una enorme presión: “Al escribir, o más bien, al publicar periódicamente, el autor no tiene tiempo de mantenerse ocioso; tiene que ser siempre animado, conmovedor, divertido o instructivo; su pluma no puede desfallecer nunca, su imaginación no puede descansar jamás”, escribió el crítico de la época en el Morning Herald de Londres. O, como dijo Dickens e periódicos y cartas enviadas a sus amigos: “¡DEBO escribir!”. (…)

“(…) como los autores victorianos de novelas por entregas, los creadores de esta nueva televisión descubrieron que las características inherentes a su medio -un amplio lienzo, entrelazar tramas, giros y retrospectivas en la historia de los personajes- resultaron ser especialmente adecuadas no sólo para satisfacer las exigencias comerciales, sino también para hacer frente a los grandes temas de un imperio decadente: violencia, sexualidad, adicción, familia y clase social. Dichos temas se convirtieron en los elementos definitorios de las series de televisión por cable. Igual que los escritores victorianos, los guinistas televisivos recurrieron a la ironía de criticar una sociedad abrumada por el consumismo industrial, utilizando precisamente el invento más industrializado y consumista de dicha sociedad. En muchos sentidos, se trataba de una televisión sobre lo que había provocado la televisión”.

hombres_fuera_de_serieTomado de: Brett Martin (2014). Hombres fuera de serie. Ariel.

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Acerca de Samuel Andrés Arias

La ciencia me paga el sueldo y la literatura me da para vivir, aunque sólo he recibido unas cuantas monedas de la ingrata. El cine me desaburre de las traidoras que acabo de mentar. He publicado relatos, crónicas, reseñas y ensayos breves en revistas como El Malpensante, Etiqueta Negra, Odradek, Revista Universidad de Antioquia y en otros medios de Latinoamérica. Los invito a visitar los post anteriores al 21 de abril de 2011 en el viejo Cuaderno de Samuel en: http://elcuadernodesamuel.blogspot.com/
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